Esta semana el tema de Recolectivo se presta mucho para una breve explicación que los lectores de este blog encontraran más familiar, supongo.

…y el primero que diga “¡Baila borrachín! será corrido de los Internets ¬¬


…aunque ganaría kudos por conocer la referencia.

Y ya, vayan antes de que sea mas caro, ¿o siempre no? Meh, decídanse.





La culpa la tengo yo, lo acepto.

Me considero una persona sin Fe en la Humanidad. Creo firmemente que como especie, estamos destinados a compartir un nicho en los registros del Universo junto a los dinosaurios como “Too dumb to live”. Aún así, a veces me siento generoso estúpido y le otorgo el beneficio de la duda a mis congéneres.

Por eso fui al cine a ver REC 2. Oh, nunca lo hubiera hecho.


Lo siento, oh, lo siento tanto.



Una función de domingo a la 1 de la tarde de una película de terror debería limitar al potencial público idiota, y casi fue así, porque en la sala sólo habíamos cuatro personas antes de comenzar la película. Ah, pero el Universo, siempre buscando nuevas maneras para joderme la existencia, decidió que justo antes de apagarse las luces, dos grupitos de adolescentes imbéciles se sentaran ENFRENTE Y DETRÁS de nosotros. En una sala completamente vacía. Enfrente. Detrás. Sí.

Resumiendo, apenas empezando la película callé a las escuinclas de atrás y unos momentos después a las tres de adelante. Como buenos escuincles idiotas prefirieron cambiarse de lugar cuatro filas adelante para no tener que callarse. Ok, la molestia era minima hasta que a media función, buscando claramente provocarme una trombosis cuádruple, empezaron a tomar fotos. Con cámara. Con flash. En ese momento, como no quería ser acusado por lesiones a menores, mejor me paré y se lo dije a dos monigotes del staff, que muy amablemente fueron y sacaron a la chingada a los mocosos. Las dos escuinclas de atrás, sospechando que ellas seguían, prefirieron irse por si mismas. Perfecto, aunque para ese momento ya no tenía caso, porque la película ya había dejado de tener sentido, ahora mismo les cuento porque.

REC fue una película que a muchos nos tomó por sorpresa; sin esperar mucho, resultó una muy buena película de zombies (seamos generosos con el termino y dejémoslo así) que envolvía, sumergía y emocionaba. Con buenas actuaciones y buenos personajes, a la gran mayoría nos dejó con un muy buen sabor de boca. Incluso el final tenia sentido; por una vez, el protagonista, al igual que todo el elenco, no sobrevivía, cosa que es perfectamente lógica y tan tan, todos felices.

Pero entonces llega REC 2 y tira a la basura todo lo logrado por su predecesora.

De entrada la idea no sonaba mal: empezar justo donde terminó la primera, cuando la policía entra al edificio. Hasta aquí todo bien, pero entonces viene el primer problema que no sé si muchos compartan conmigo: el idioma, o mejor dicho, el acento.

Si ya viste que la primera película fue un éxito y hasta Hollywood metió su mano para hacer un remake, debes entender que la segunda será vista en todo el mundo, sobre todo en todos los países de habla hispana. Por lo tanto seria una buena idea mantener al mínimo el acento de los actores. No digo que tenga que ser un español neutral, por supuesto que no, pero se agradecería que los diálogos se entendieran. Y no me refiero a los modismos (que en Amores Perros volvieron locos a los sudamericanos), eso se entiende y justifica; me refiero al acento madrileño barcelonés (¿?) marcadísimo. En la primera escena de los policías, no se entiende ni la mitad de lo que están diciendo; creo que era algo sobre futbol y muchas maldiciones. Durante toda la película, aún habiendo pocos diálogos, entre los gritos y disparos, uno se la pasa adivinando más que entendiendo lo que pasa.

Y eso nos lleva al segundo problema: los personajes. Acabo de salir de verla y no recuerdo como se llamaban o quienes eran. Había un policía gritón, un policía gordo, una cámara flotando y otros más que aún no sé si eran zombies desde un principio o se convirtieron en algún momento entre las horribles tomas de la cámara. Si algo genial tuvo REC es que uno conoció y llego a apreciar a los personajes. Aquí no hay ninguno que tenga algo parecido a una personalidad o historia. Sólo son maniquíes esperando que algo les brinque encima, lo cual es el tercer problema.

REC lograba una inmersión total y mantenía un suspenso constante. En REC 2 se evitan el problema de crear una buena ambientación y se limitan a subirle el volumen cada cinco minutos y aventar a un infectado gritando estruendosamente. No asusta, solamente alarma por el escándalo. Irónicamente es tan predecible que uno puede apostar exactamente cuando habrá otro “susto”. Eso nos lleva al cuaaaarto problema.

¿Quién carajos pensó que era una buena idea cambiar la infección rabiosa por posesión diabólica? Con esto anulan toda la credibilidad de REC y convierten la historia en un Exorcista de quinta.

Una cosa son zombies infecciosos; uno sabe como lidiar con ellos, uno sabe que esperar, uno puede culpar a los personajes por ser tontos y no disparar a la cabeza. Pero cuando de la nada metes a Satanás en la ecuación, todo se va al carajo, porque uno simplemente ya no puede jugar en igualdad de condiciones. Todo deja de tener una lógica “terrestre” para entrar en el terreno sobrenatural, donde cualquier cosa es valida y todo puede pasar; por ejemplo, que una cámara con visión nocturna altere el continuum espacio temporal y simplemente mande a la mierda a la Realidad.


Espera, si apagas la luz, aparece un elevador, lo juro.


Para ese entonces la película ya ha saltado tanto al tiburón que uno sólo espera que más tonterías se les van a ocurrir y oh, vaya que se les ocurren.

Los hoyos en el guión son tan grandes que por ahí podrían pasar todos los demonios de los nueve círculos del infierno. Sí todo es una operación/conspiración conjunta entre el gobierno y el vaticano (suponemos), ¿Por qué mandar solo a tres policías (de nuevo, la cámara flota sola) y un sacerdote a solucionar un asunto que pone en riesgo a toda la humanidad? Uno se queja de los gringos, pero por lo menos saben encubrir una conspiración con mil doscientos agentes de todas las agencias gubernamentales. Pero no, los españoles se conforman con mandar a un grupo de policías con el entrenamiento de un guardia de seguridad de la Panamericana de Valores. ¿Por qué darle un jodido radio de camionero al sacerdote para comunicarse? Un Nextel hubiera sido mas creíble, vamos, hasta en RadioShack venden chicharitos para el oído. Pero sobre todo, ¿Por que grabar todo en una cámara aislada? Si los agentes ya tienen cámaras en los cascos, ¿Por qué no transmitir directamente AFUERA del edificio? Carajo, cualquier geek tercermundista puede transmitir stream en vivo con un celular Nokia. Ah, ya sé, porque de otro modo el final no tendría sentido y el gobierno simplemente hubiera tenido que bombardear el edificio, echarle dos toneladas de Napalm y luego mearse encima de los restos humeantes de Satanás.

Otra joya: los adolescentes. Perfecto, hagamos lo que ninguna película de terror ha hecho antes y metamos en la mezcla a unos adolescentes odiosos y estúpidos y que sin ninguna justificación real (oh si, quieren hacer algo “guapo”) entran –por medio de las alcantarillas- a un edificio en cuarentena rodeado por cientos de policías. Yo fui un adolescente estupido y SÉ que jamás se me hubiera ocurrido algo así. Afortunadamente los mocosos son tan insípidos y prescindibles para la trama que mueren casi inmediatamente, lo cual es de agradecerse (Aunque de hecho, nunca se ve que pasa con dos de ellos, seguramente aparecerán en la continuación: REC 3: Electric Boogaloo).

Pero volvamos con los zombies del infierno (que para estas alturas ya son simplemente inmortales) y a los, ¿dos? ¿tres? policías y el sacerdote que quedan vivos. ¿Por qué el sacerdote insiste en que necesitan una muestra de sangre de la niña anoréxica original? ¿Las Fuerzas Demoníacas se rigen según la genética de los virus? ¿En verdad Satanás necesita transmitir su posesión infernal por medio de mordidas? Carajo, la gripe se contagia con estornudos; Satanás podrá ser el Señor de la Oscuridad, pero es un pendejo que no sabe nada de infectología (Además, Satanás es español, porque al comunicarse, sin necesitar usar el cuerpo de su huésped, escoge hacerlo con voz de barítono y con un perfecto acento español)


“Joder tío ¡Dejad de exorcizarme, coño!”



(Por otro lado, si están buscando un antídoto para la posesión demoníaca, significa que, para fines prácticos. Satanás es una enfermedad que puede ser curada, ergo, la posesión divina -y por consiguiente Dios- también lo es. No veo la hora de que salga una vacuna antiFe. Apuesto que el mundo se compondría en dos semanas y lograríamos la Paz Mundial en menos de un mes)

Y para terminar, el insulto final: ¿Para que “revivieron” a la protagonista de REC? Ah sí, para convertirla en una Alice de Resident Evil, aunque al final en realidad resultara ser la portadora de un Alien demoniaco que, aún con el respaldo del Señor de la Oscuridad, no puede salir del edificio sin la autorización de un sacerdote, a riesgo de ser muerta a balazos, aunque durante toda la película queda claro que los infectados, después de ser baleados, nomás se tambalean, ya que son inmortales porque están poseídos por Satanás, que sólo puede ser derrotado con un antídoto que…

Wait, what?

Fuck you REC 2.


Prioridades.

¡Por los veinticuatro testículos de los doce apóstoles! ¡¿Tres posts en una semana?! No, no me estoy muriendo ni mucho menos (estoy convencido que esta bola en la nuca es una almohada evolutiva), simplemente, no tengo mucho que hacer (más que sobarme la bola en la nuca que, si bien creo que es una almohada, sospecho que no es de plumas).

¿Y que cuentan? ¿Cómo ven lo del impuesto a los Interwebs? ¿Ya se quejaron? ¿Ya hicieron una marcha? O mejor aún ¿Ya cancelaron sus contratos como muestra de rechazo? ¿No? Bueno, entonces cállense o hagan algo real, no nomás quejarse en un teclado.

Después del show que dieron ayer los “representantes” de la comunidad virtual, yo nomás me pregunto, ¿La gente no tiene prioridades? Antes que nada, me voy a saltar lo del ISR y el IVA, porque son cosas que no entiendo y no me importan (soy un mal mexicano), y en su lugar voy a ir directamente a lo preocupante del asunto:


El aumento de 26.5% a la cerveza y 170.9% al tabaco.

Hue.vos.

¿En serio andan haciendo panchos por un 4% de aumento a Internet? wow, ahora mandar cadenas con powerpoints y ver Lolcats les saldrá 4% mas caro ¡inadmisible! En cambio, ahora una tarde de cervezas y humo saldrá cientos de miles de pesos mas cara (algo así, nunca he sido bueno con las matemáticas). En serio, wtf? UN solo cartón de cervezas saldrá muchísimo más caro que todo el aumento en un mes de Internet. ¿Por qué no veo protestas en las calles e histeria colectiva por eso? No entiendo.


Indeed, my friend.


Por eso, cada que alguien amenaza con iniciar una revolución por encarecer los Internets pero se olvida de la cerveza, me convenzo con terror que este mundo cada día esta mas lleno de ñoños y menos de borrachos, de lo cual no puede salir nada bueno.

El mundo está mal, mal.


Todo va a estar bien.









Nunca, nunca me ha gustado utilizar el concepto de “ciclos” en mi vida. Tal vez porque siempre me he considerado como una persona bastante estable y que al final de cuentas, lo que cambia son las dinámicas a mi alrededor mientras yo sigo siendo el mismo (sí, en muchas cosas he evolucionado, mejorado y empeorado, pero básicamente, sigo siendo el mismo chamaco que era a los dieciséis años)

Aun así, en este momento, mis alrededores (por llamarlo de alguna manera) han cambiado muchísimo, tal vez no en lo aparente, pero sí en lo importante. Atrás quedaron aquellas noches de pesadilla y aquel hueco en el esternón. Atrás quedo el stand by y la indiferencia. Aún me falta dejar atrás algunas pocas cosas: la deslealtad de alguien que era muy cercano a mí (de las pocas cosas que me encabronan); las deudas emocionales y algunos pocos fantasmas que apenas y se asoman durante ciertas noches. Todo eso se esta cerrando y hoy, como diría Arturo Meza, sólo veo una ventana sin paredes, whatever that means.

Hoy son días de luz, días de canciones de Yokozuna, de viajes en metro y de cafés del 7 Eleven, de la panadería La Esperanza y de comidas extrañas. Días y noches de cosas que, aun con mi kilometraje, jamás había vivido. Todo ello no deja de sorprenderme y sobre todo, de dibujarme esta sonrisa en el rostro.

Lo más curioso de todo es que, a diferencia de otras épocas de mi vida, no tengo necesidad de hablar mucho sobre ello. Es extraño, pero supongo que cuando todo se siente en su lugar, no hay mucho que explicar.





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